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Mercedes-AMG GLS 63 y GLE 63 S

José A. Prados

8 junio 2020

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Los SUV más potentes de la firma alemana estrenan motor V8 biturbo de 4.0 litros de 612 CV con red de 48 voltios y desconexión de cilindros.

La estrategia de electrificación de Mercedes-Benz se extiende también a los modelos con un concepto más deportivo y emocional fabricados por la división AMG. De esta forma, los nuevos Mercedes-AMG GLS 63 4Matic+ y GLE 63 S 4Matic+ estrenan una eficiente mecánica V8 con una arquitectura de 48 voltios que contribuye a reducir las emisiones contaminantes y el consumo de combustible.
 
La utilización de esta tecnología permitirá a ambos modelos lucir la etiqueta ECO de la DGT, porque además del sistema de electrificación de 48 voltios, los dos SUV que han pasado por las manos de AMG incorporan también el sistema de desconexión de cilindros y filtro de partículas, creando un sistema de hibridación suave con el motor V8 biturbo 4.0 de 620 CV (450kW) y 850 Nm de par que se combina por primera vez con el arrancador EQ Boost, ofreciendo una potencia eléctrica adicional de 22 CV (16 kW) en determinados momentos.
 
Según la ficha técnica del fabricante, el consumo mixto de combustible oscila entre 11,5 y 12,6 litros, mientras que las emisiones de CO2 son de 262-287 g/km, dependiendo del modelo. Desde luego, no son utilitarios para moverse por la ciudad a diario con ellos, pero la eficiencia ha mejorado notablemente con estas tecnologías.
 
Las prestaciones son de infarto, como en todos los vehículos de los que se encarga la división AMG. En el caso del Mercedes-AMG GLE 63 S 4Matic+, puede acelerar de 0 a 100 en 3,8 segundos al pisar a fondo el acelerador desde parado, con una velocidad máxima limitada electrónicamente a 280 km/h. El Mercedes AMG GLS 63 4Matic+ realiza el paso de 0 a 100 km/h en 4,2 segundos y su velocidad máxima queda limitada a 250 km/h. Los dos modelos llevan sistema de tracción integral AMG Performance 4Matic+ con distribución completamente variable del par y caja de cambios automática AMG SPEEDSHIFT TCT 9G con manejo secuencial mediante las levas del volante.
 
El sistema eléctrico de 48 voltios, además de contribuir a un funcionamiento más eficiente del motor, también se emplea para suministrar energía a elementos de confort como los estabilizadores activos o el sistema de climatización. La desconexión activa de cilindros está activa únicamente en el modo de conducción ‘Comfort’ en un rango de revoluciones entre 1.000 a 3.250 rpm.
 
Entre las funciones más destacadas del sistema de hibridación se encuentran la aportación de una potencia adicional boost, la recuperación de energía al frenar, la optimización del punto de carga en el que trabaja el motor térmico, la función de planeo y la puesta en marcha casi imperceptible del motor en relación con la función de parada y arranque. El alternador arrancador EQ Boost se encarga también por primera vez de la regulación del número de revoluciones de ralentí, funciones hacen posible reducir el consumo en una medida que, hasta ahora, estaba reservada a la tecnología híbrida de alto voltaje.
 
Adicionalmente, estos modelos cuentan con los últimos avances en su cadena cinemática y chasis para garantizar una conducción dinámica y precisa. Tal es el caso de la tracción integral 4MATIC+, con una distribución de par completamente variable entre 0:100 y 50:50 y un diferencial autoblocante AMG con regulación electrónica. Otro elemento clave para mejorar la eficacia en las curvas es la suspensión AMG ACTIVE RIDE CONTROL, basada en la red eléctrica de 48 voltios, con dos actuadores electromecánicos de funcionamiento independiente en el eje delantero y en el eje trasero. Este equipo compensa con precisión los movimientos de la carrocería y vela por una maniobrabilidad directa y un control preciso del comportamiento del vehículo, incluso en el margen límite de la conducción deportiva.
 
Para el mercado español, el modelo 63 del GLE sólo se ofrecerá en su variante S, la más potente a un precio de 155.300 euros, y el Mercedes-AMG GLS 63 4Matic + costará 176.150 euros.
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