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Honda Jazz 1.3 i-VTEC

José A. Prados

2 octubre 2017

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Equipado con un motor de gasolina de 102 CV es una opción interesante en ciudad por amplitud, consumos y completo equipamiento.

El segmento de los coches urbanos va tomando cada vez más peso en los grandes núcleos de población, en la mayoría de los casos como segundo coche del hogar o como primer coche para jóvenes que acaban de sacarse el carné. Las opciones de compra son numerosas, porque casi todos los fabricantes generalistas tienen un modelo de este tamaño, pero hoy traemos a nuestros lectores un vehículo menos conocido, y que resulta muy interesante.
 
El Honda Jazz lleva en el mercado desde el año 2000, consolidando a lo largo de varias generaciones su compromiso con la circulación urbana y soluciones innovadoras para el día a día. A diferencia de otros competidores, ha evolucionado hacia una carrocería tipo monovolumen, y en sus casi 4 metros de longitud ha recreado un amplio habitáculo en el que se viaja de forma espaciosa, con mucha luminosidad y una visibilidad notable en todos los ángulos.
 
Hay muchas mejoras en el Jazz, empezando por el nuevo parachoques frontal de líneas más afiladas, una parrilla similar a la de otros modelos de la marca japonesa y una trasera de trazos más suaves. El interior está muy bien aprovechado, tiene la pantalla multifunción de 7” en el centro del salpicadero, en una posición baja que evita reflejos del sol, el cambio de marchas situado cerca del volante y una gran cantidad de información en el ordenador de viaje que se maneja fácilmente. Lo más complicado es el equipo multimedia al principio, un poco diferente a otros modelos, algo que se soluciona en unos días cuando te acostumbras.
 
Manejable, con una estética mucho más atractiva y motorizaciones de gasolinas de alta eficiencia, resulta un coche ideal para desplazamientos urbanos, aunque en carretera el comportamiento también es muy correcto y no hay problema a la hora de hacer viajes largos. Únicamente se comercializa con el motor 1.3 i-VTEC de gasolina con una potencia de 102 CV a 6.000 rpm y un par de 123 Nm a 5.000 rpm, asociado a un cambio manual de 6 velocidades que funciona a las mil maravillas, como era de esperar en Honda, y también con un cambio CVT de variador continuo opcional.
 
Es un motor de funcionamiento suave y algo tranquilo a bajas vueltas, donde se muestra algo perezoso, pero basta con bajar una marcha y subir el régimen para poder hacer una conducción semi-deportiva. Como no es un coche para ir de carreras, el motor cumple con creces para la mayoría de los conductores –alcanza los 190 km/h de velocidad máxima y acelera de 0 a 100 km/h en 11,3 segundos, con la ventaja de que el consumo de combustible es realmente bajo.
 
El fabricante anuncia de media 5 litros, cifra que hemos superado por una décima (5,1 litros) en nuestra prueba, de unos 500 kilómetros, con recorridos muy variados. Y con un poco de tacto con el acelerador, incluso se podría rebajar más. En tramos urbanos gasta muy poco, sobre todo gracias a la intervención del sistema Start/Stop, que funciona sin brusquedades. Con un consumo así, se pueden recorrer unos 600 kilómetros sin necesidad de pasar a repostar, y eso que el depósito de combustible es pequeño (40 litros).
 
Homologado para cinco ocupantes, las plazas delanteras son bastante cómodas y la posición de conducción correcta, con buena visibilidad en curvas y un acceso fácil al tener una altura algo mayor (1,52 metros) que otros modelos similares. Las plazas traseras no están mal para dos adultos de talla grande y un tercero no viajará cómodo en desplazamientos largos. El maletero no está nada mal con 354 litros básicos, que se amplían hasta 1.314 litros si abatimos los asientos traseros.
 
Donde notamos una gran mejora respecto al modelo que se comercializaba en 2015 es en materia de seguridad. Todos los modelos traen de serie, independientemente del acabado, avances importantes como el Sistema Activo de Freno en Ciudad, Control de crucero con limitador de velocidad, alerta de cambio involuntario de carril, sensores de luz y lluvia automáticos, y hasta cámara de visión trasera en el acabado más completo, Elegance, que también lleva llantas de aluminio de 16”, faros antiniebla delanteros, sistema de entrada y arranque sin llave, volante y pomo del cambio en piel y cristales laterales traseros oscurecidos. Ha sido la versión probada y creemos que merece la pena pagar un poco más para llevarse un equipamiento más completo. Todos vienen con sistema Bluetooth para enlazar el teléfono y con dos tomas USB. El sistema de navegación es opcional.
 
El Honda Jazz 2018 con el motor 1.3 i-VTEC ya se encuentra a la venta en la red de concesionarios de la marca en España con un precio que parte de 14.350 euros con el motor 1.3 i-VTEC en acabado Trend, desde 15.350 euros con el acabado intermedio Confort y desde 17.000 euros con el acabado Elegance, el más completo y con un equipamiento similar al de muchas berlinas grandes.
 
José A. Pradoswww.vidapremium.com
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